Lukas Avendaño en diàleg després de la seva performance

“Pensemos las limitaciones como fronteras, no para separarnos sino para encontrarnos.”

IMG_1121_lukasEntrevista a Lukas Avendaño

Lukas Avendaño es artista y performer muxe que se dedica a les artes escénicas y a la antropología dedicada a la escena. Trabaja con públicos infantiles y juveniles tanto en escuelas públicas como en espacios comunitarios. Estuvo en Barcelona el pasado septiembre compartiendo su arte y sus saberes con nosotras. El Parlante tuvo la oportunidad de sentarse con él a reflexionar sobre el trabajo que hace tanto a nivel educativo como artístico y mientras no tenemos el vídeo de esa entrevista editado hemos querido compartiros la versión escrita.


¿En qué medida consideras que lo que haces tiene un impacto transformador?

Creo que el impacto de lo que hago tiene distintas capas y distintas razones.
Vengo de una comunidad de 400 habitantes, y de niño yo no tenía espacio en el que poder jugar, experimentar y explorar cosas. Eso me llevó a empezar a organizarme con otros de mi misma edad y formar un club, con el que montamos una biblioteca y durante las vacaciones nos entregábamos también a hacer trabajo comunitario con los niños y niñas de la comunidad, haciendo talleres, trabajos manuales, artísticos… Ahí empecé a ver que lo que hacía tenía impacto.

Después me formé profesionalmente para dedicarme a atender a  públicos infantiles y ahora soy capaz de ver que de ese trabajo trascienden ciertos cambios. Eso es esperanzador. Me da más confianza para considerar que lo que hago es bueno, benéfico para esa comunidad específica. Me da la posibilidad de incidir en la subjetividad de ellas y ellos, en sus prácticas diarias. Me da también otra posibilidad de relacionarnos, de convivir, cosas que a mí en mi momento como niño me hubiese gustado que sucedieran conmigo.

Creo que a posteriori esos chicos van a ser ciudadanos, y puede que no sean ciudadanos modelos, pero puede que tengan menos confusiones del rol que les toca vivir en esta sociedad, en nuestra colonia, barrio, distrito, municipio…

Creo que somos capaces de pensar e imaginar relaciones menos inhumanas, en esa medida pienso que desde la docencia tenemos mucho que hacer pero no solamente ahí, sino también desde el trabajo y desde las vecinas. Hay una frase que dicen mucho las abuelas en México: “hijas de mis hijas mis nietas, hijas de mis hijos quién sabe.” Pero a mí me parece que las hijas de mis hijos también son mis nietas y en sentido figurado también: las hijas de mis vecinos también son mis nietas, son mis hijos, también es nuestra responsabilidad procurar un ambiente lindo, amoroso, gozoso en el que ellas y ellos puedan convivir. También son nuestros hijos. Es la única manera que creo que podemos reproducirnos como una sociedad sana, amorosa, gozosa… Porque esos hijos que son los hijos de mi vecina mañana serán adultos y yo seré anciano.

 

En el Trabajo específico con jóvenes, ¿qué temas crees que son claves para trabajar?

He tenido la experiencia de trabajar con chicos de secundaria, y creo que más que temas… creo que clave es la disposición de cómo uno está con ellos, con sus cuerpos. Creo que lo interesante, en mi experiencia con ellos, es estar dispuesto a hacer el ridículo. No llegar como el adulto, el maestro que sabe cómo se hacen las cosas, el que les va a enseñar. La estrategia que utilizo es eso: pensarnos que también podemos jugar, hacer de ese proceso cognitivo, de aprendizaje, un proceso lúdico. Uno que puede estar sujeto ciertos márgenes de errores. En esa posibilidad descubriremos cómo las cosas pueden hacerse de otras maneras distintas a como solemos entender que deben hacerse.

Los chicos en esa edad se están construyendo. Construyendo su sentido de pertinencia, su identidad, y se están vulnerando o reforzando la autoestima, y muchas veces somos nosotros los que generamos esos criterios de verdad que se imponen en sus cuerpos. Cuando creemos que señalando, o cuando imaginamos que evidenciando ese gusto o ese deseo de ese chico o chica a partir de ridiculizarlo va a cambiar de opinión estamos participando en ese proceso. Pero creo que si uno se apuesta a hacer el ridículo, ellos se sienten acompañados y mas fortalecidos, y si se presenta con ellos con grados de vulnerabilidad ellos encuentran que el ser adulto también es un posibilidad de ser falseable.

Porque en esa edad… al menos a mí me pasaba, parecía que la realidad siempre era una constante para decir que yo estaba equivocado. Cuando yo tomaba decisiones parecía que era una decisión de por si errada, de por si encaminada a ser un ejemplo exitoso del fracaso.

Creo que es nuestra responsabilidad también decidir  cuan dolorosa queremos que sean las vidas de nuestros chicos. Porque es innegable que todos los cuerpos somos cuerpos contenidos, algunos en mayor o menor proporción. Quizás cuando uno ya es adulto esa contención la da por hecho como algo natural, pero  los chicos que se están inventando, que se están construyendo, sus cuerpos son cuerpos contenidos en menor proporción, y por eso se presentan de  manera tan despreocupada con la vida, y eso me parece lindo, o es lo que yo rescato.

 

¿Cuáles son tus referentes artísticos, activistas, de conocimiento…?

En primer lugar la gente que más ha influido en mis decisiones y en el cómo hacer las cosas viene con relación a mi historia local, familiar… Es como echarse un clavado en un pozo, nadar un poco hacer un poco de vida subacuática, y a partir de ahí encontrar gestos, historias memorias… Eso es una cosa que yo considero que me ha nutrido.

Aparte hay otras personas que con su trabajo artístico o poético también han influido en mi cuerpo en mi forma de plantear las cosas en la escena sobretodo: Oliver de Sagazan tiene una pieza en particular que se llama transformación que a mí me pareció súper linda. Después en Japón está Bando Tamasaburo, están también Las Yeguas del Apocalipsis con Pedro Lemebel en Latinoamérica y conocer su trabajo también ha sido una forma de empoderarme para darle mayor validez al discurso que yo planteo en escena. También está el Subcomandante Insurgente Marcos que a partir del 94 me hizo creer que… tener ascendencia india era valioso. Algo que creo que como a mí, a mucha gente también le pasó. Para acabar, creo que otro de los personajes que también me ha marcado este andar escénico es Yukio Mishima que también es un japonés. Son referentes muy diversos, por eso digo que la universalidad tanto de metodologías pedagógicas, como escénicas, es que tenemos un cuerpo.

Lo que me universaliza con estas personas a pesar de que son de contextos y temporalidades muy diferentes son precisamente nuestros cuerpos y el uso que queremos hacer de nuestros cuerpos tanto en el espacio público como en el espacio privado, o cuando invertimos el espacio privado y lo convertimos en un espacio público. El cuerpo para mí también es uno, porque el cuerpo ocupa un lugar en el espacio, se convierte también en espacio. Se convierte en una memoria, una geografía, un territorio, y por eso digo que el cuerpo nos hace universales.

 

Hablabas de la universalidad del cuerpo, pero los cuerpos pueden ser muy diversos, y no son todos iguales y no todos tienen los mismos privilegios o posibilidades de ser o acceder. ¿Cómo tratas en tu relación artística esa relación con el cuerpo y con esas transformaciones del cuerpo? ¿Lo tratas? ¿Desde qué lugar colocas tu cuerpo como un cuerpo indígena, de un lugar concreto que es México con todo lo que eso provoca, y cómo desde tu  expresión artística llevas tu cuerpo ahí?

Cuando hablo de la universalidad el cuerpo no dejo de lado el ser consciente también de sus limitaciones. Hay limitaciones reales: nadie puede estar más de 10 minutos bajo el agua sin respirar. Hay gente que corre rápido pero no puede correr más rápido que una gacela. Pero también hay otro nivel de limitaciones que nosotros nos construimos. Vamos a pensar esas limitaciones un poco como fronteras. Ese límite fronterizo lo podemos convertir en un lugar que nace como tal: para separar. Pero uno puede decidir convertirlo en una frontera para encontrarnos. Depende de cuan dispuestos estemos a que estas fronteras sean puntos de encuentro en vez de puntos de separación.

Con estas fronteras uno también puede preguntarse hasta qué punto quiere vivir con ellas o hasta qué punto quiere empujar un poquito más. Creo que el ejercicio escénico, performativo, que hago es una posibilidad de abrir una ventana a esa frontera. Abrir una ventana y que quien mire pueda decidir quedarse en ese ejercicio de estar sentada, sentado, observando a través de esa ventana, o puede ocasionalmente decidir cerrarla, con una madera o sólo poner un cristal y que sólo pueda ver  pero no escuchar, o decidirá en qué medida puede abrirla y asomarse incluso y después regresar. Creo que la apuesta más linda seria estar dispuesto a brincarse la ventana.

Es posible brincar la ventana y volver, o es posible brincar la ventana y descubrir que hay otras ventanas y seguir brincando las ventanas.

Entonces esa universalidad de los cuerpos también nos da la posibilidad de brincar ventanas y decidir deconstruir nuestros aprioris: eso que tú ves en este primer momento y que te genera un juicio de valor, un criterio de verdad, que construiste a priori para definirme, puede ser deconstruido. Ya generaste la nomenclatura para tener un criterio con relación a lo que soy sin antes darte la posibilidad de conocerme y a partir de ahí construirte esa opinión. Esa es una posibilidad y una manera de empujar la frontera.

Me doy cuenta que no estamos solas, que no estamos solos ni… ni somos seres afortunados sino hacemos, decidimos hacer de nuestra existencia un acto afortunado para las otras, para los otros. Porque creo que uno es en la medida en que se comparte. Porque yo soy en la medida en la que mucha gente se ha compartido conmigo. Ustedes mismos ahora se están compartiendo conmigo.

 

Lukas, tú has nacido en una comunidad de 400 personas, y sigues ahí. Sería muy fácil irse de una comunidad así, sobretodo dedicándose al arte, podrías decir me voy a DF. Pero no lo has hecho, me parece una cuestión de resistencia impresionante. ¿Por qué es?

Sí no lo he hecho. Tengo la opción de vivir en otra ciudad. Tengo la posibilidad incluso de vivirme en otro país, ahora la tengo. Pero cuando digo que tengo la opción o la posibilidad, es porque todos tenemos la posibilidad de hacerlo. El asunto es en qué condiciones materiales humanas se dan esas posibilidades. Hay gente que tiene la posibilidad imposible de hacerlo, y decide incluso aventarse al mar. Hay gente que tiene la posibilidad imposible y hace un vuelo de la India a África y atraviesa toda África, para llegar a Atenas, y quedarse en Atenas no sé cuánto y después llegar a donde estamos nosotros. Entonces… ¿cuál es la diferencia entra la posibilidad que yo tengo y la posibilidad de esta persona que caminó durante 10 años? Quizás está en que ahora yo puedo tomar un avión y estar en otro punto. Quizás esa es la diferencia. Quizás eso me genera mayor responsabilidad.

También estoy ahí, en esa comunidad, porque… ¿a dónde voy donde más valga? ¿Dónde voy donde mi existencia tenga sentido, a donde voy donde pueda llevar conmigo mis muertos? ¿A dónde voy si el único lugar donde puedo estar con mi madre es en ese lugar?

Antes del 2012 entré en la dinámica de la academia y en esa idea de que hay que llegar a un lugar en el que ser exitoso, y para ello andaba metiendo proyectos aquí y allá, y cambiaba de residencia constantemente: me iba a México y a Guadalajara, Ciudad Juárez, Monterrey… y en esa loca carrera yo olvidé que lo que realmente era importante estaba en mi casa. Y bueno, no fue hasta que mi padre murió cuando yo me di cuenta que…. Bueno, que ya no lo iba a ver más. En ese momento me dije: no voy a  esperar  a que mi madre muera para entonces darme cuenta de que no la voy a ver más, y decidí regresarme a casa y quedarme. Salgo cuando voy de gira, pero siempre procuro regresar lo más pronto a casa. Porque sé que hay alguien que espera.

Antes existía una tradición de que cuando uno nacía su cordón umbilical, ombligo lo llaman, lo metían en una olla y lo enterraban en el patio de la casa. Yo tuve la fortuna de no nacer en un hospital (digo fortuna porque quiero creer que enterrar el ombligo es un acto simbólico que hace que uno crea que siempre volverá al lugar donde nació). Los de mis sobrinos ya no, pero mi obligo está sembrado en el patio de la casa. Debajo de un árbol que hoy es un almendro. Y quizás por eso  aunque yo decida irme, siempre voy a volver porque mi obligo está ahí enterrado.

Quizás por eso es importante la tradición, la costumbre, la cultura. Si no tenemos cultura uno no tiene dónde agarrarse: uno se aferra a su tierra, a su familia, a sus vecinos. Creo que para eso funciona la cultura: es como una red de protección que nos da sentido. Yo me aferro a mi cultura, pese a que haya un discurso o un paradigma o un  modelo de verdad que hable del progreso, del desarrollo, de la contemporaneidad, incluso en el mundo del arte  se le da un valor extra, una plusvalía al arte contemporáneo… Frente a eso yo, ahora tengo la posibilidad de hablar desde un espacio perdido en el sur-sureste mexicano y decir: ¿y que acaso la tradición no es contemporánea?, ¿y que acaso la cultura no es moderna también?, ¿y que acaso esta cultura no puede ser un ejercicio de desarrollo? ¿Y que acaso, esta cultura, esta tradición, no está aquí sino como un ejemplo también de progreso integrado en una totalidad? Y ahí cuando tendría la posibilidad de falsear ese criterio de verdad que me niega, para cortar mi cordón umbilical y decir: sí,  yo ya soy un hombre cosmopolita. Pero no, desde el contexto de donde yo vengo eso sería falaz.

Como cuando los chicos me dicen: oye… Lukas, ¿y porqué no te traes un reloj lindo un carrito lindo? Para mí no tiene ningún sentido: hay un paradigma que siempre nos está empujando a buscar el reconocimiento de los demás mediante la acumulación. Sin embargo conozco experiencias de mucha gente que en su afán para tener ese coche lindo,  ese reloj lino y esa chamarra linda, dejan la vida, y dejan lo más importante: la familia, la madre el padre los hermanos, su comunidad. Y al rato, vive en el sexto piso y tienen un coche lindo y un reloj lindo y una chamarra linda, pero está sola, está solo… y no sé… al menos yo a la soledad no le otorgo un valor a no ser que sea una decisión propia para estar con uno mismo, o una misma. Como cuando la novia o el novio te azota la puerta y te dice: no, ahora te vas a quedar solo, y uno dice no… pues no estoy sola, estoy conmigo misma… y eso también… pero esa es otra posibilidad de reflexión para uno, para una, para unas, para todas las personas.

 

¿Hay algo que quisieras añadir?

Todo lo que diga está de más… porque a veces aun en el silencio uno encuentra más respuestas.  A veces en el silencio es donde uno está más presente y donde de repente sólo estar es suficiente. La música está hecha de sonidos pero también de silencios… sino sería un ruido constante. La danza también no siempre es movimiento, uno respira y no respira, el corazón… hay una sístole una diástole… todo es así. La tierra no es un camino infinito, a veces hay que cruzar nadando, o hay que subir a la montaña o hay que saltar… creo también por eso que ese silencio, o aquello que no está dicho quizás le toca decirlo a aquel que esté detrás de la pantalla. Pensarlo, imaginarlo, inventarlo o deconstruirlo… Porque sí…  a veces está de más.

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