Taller del Grupo de Teatro de las Oprimidas, una iniciativa conjunta de l’Associació la Xixa Teatre y el sindicato de empleadas del hogar y los cuidados Sindillar, con mucha presencia latinoamericana. Los talleres, que se desarrollan en el espacio Francesca Bonnemaison, tienen como objetivo abordar a través de la acción dramatizada las desigualdades que padece este colectivo.
Foto: Dani Codina
Taller del Grupo de Teatro de las Oprimidas

La vasta pluralidad de la inmigración latinoamericana

Jessica González – Barcelona
(Artículo publicado originalmente en Barcelona Metròpolis )

Los países latinoamericanos comparten una fuerte tendencia al asociacionismo, lo que se refleja en el gran número de entidades formadas por ciudadanos originarios del otro lado del Atlántico. La presencia femenina es muy importante: las mujeres latinoamericanas se han convertido en un colectivo clave para el mantenimiento del estado del bienestar autóctono.

 

Soy lo que dejaron,

soy toda la sobra de lo que se robaron

Un pueblo escondido en la cima

mi piel es de cuero por eso aguanta cualquier clima

Soy una fábrica de humo

mano de obra campesina para tu consumo

Frente de frío en el medio del verano

el amor en los tiempos del cólera, mi hermano.

Fragmento de la canción Latinoamérica, del grupo puertorriqueño Calle 13

Bolivianas en las fiestas de la Mercè de 2017. La diversidad y la heterogeneidad de la América Latina se reproducen en las comunidades procedentes del otro lado del Atlántico: no existe un único perfil latinoamericano, sino una multitud. Foto: Pere Virgili

Bolivianas en las fiestas de la Mercè de 2017. La diversidad y la heterogeneidad de la América Latina se reproducen en las comunidades procedentes del otro lado del Atlántico: no existe un único perfil latinoamericano, sino una multitud.
Foto: Pere Virgili

En este dosier no podía faltar un artículo sobre las personas latinoamericanas de Barcelona. Se me ha hecho este encargo como colombiana residente en la ciudad durante los últimos once años. De entrada me pareció un reto que requería respeto y atención. Teniendo en cuenta esto, empecemos con algunas aclaraciones y acotaciones.

En primer lugar, aunque parezca obvio, hay que recordarlo: América Latina no es un país. No existe, al menos a día de hoy, una nacionalidad latinoamericana. Latinoamérica o Abya Yala1 es una región compuesta por veinte países y siete territorios dependientes en la que viven aproximadamente 626 millones de personas. Es cuestionable la validez de las afirmaciones de carácter global referidas a una región donde abundan las diversidades y los contrastes. De hecho, hay quien se pregunta si la idea de América Latina es un mito o una realidad.

En segundo lugar, la expresión América Latina comprende una realidad sumamente compleja, donde se dan casi por igual diversidades y similitudes. Por este motivo, si se pone el acento en las diferencias y regionalismos, es posible negar la existencia de América Latina y de la unidad esencial que surge de su misma diversidad. No existe una América Latina, sino tantas como países o subregiones la componen, por lo que cualquier pretensión de reducirla a una sola entidad no es más que aceptar, a sabiendas, un mito o una ficción.

En tercer lugar, esta diversidad inherente a la región se manifiesta, por descontado, también en la heterogeneidad de los perfiles y las realidades de las personas latinoamericanas que vivimos en Barcelona. Así pues, las personas con origen o con bagaje latinoamericano no componemos un bloque homogéneo y, en consecuencia, nuestras realidades son muy divergentes. Por eso, el presente artículo no tiene ninguna intención de hablar “en nombre de la comunidad latinoamericana”. Es, en todo caso, un intento de hacer una radiografía de la vasta pluralidad de realidades que vivimos.

Por último, pero no por ello menos importante, una observación sobre algunos mecanismos legales tales como los acuerdos y tratados bilaterales o multilaterales, las especificidades en las leyes de extranjería y de nacionalidad, las entidades regionales de cooperación, etc.; estos mecanismos construyen al inmigrante latinoamericano como una persona “otra” pero compatible con la población autóctona sobre la base de una supuesta proximidad cultural o de hermanamiento forjada a través de la historia colonial y poscolonial compartida con España y Cataluña. De este modo, el inmigrante latinoamericano queda incorporado al imaginario de la sociedad receptora mediante una doble caracterización que lo hace diferente y reconocible. Ante el autóctono, el latinoamericano sigue representando una forma de alteridad que tiene su reflejo en los planos legal –restricción de derechos para los no nacionales–, económico –inserción en mercados de trabajo precarizados y segmentados– y social –problemas acentuados de vivienda, participación, etc.

No obstante, paralelamente, la imagen que se construirá del latinoamericano se caracterizará por considerarse más cercana que la de otros colectivos inmigrantes, y –siempre según este discurso– más fácilmente integrable. Así, frente a grupos como los subsaharianos, los asiáticos o los magrebíes, tanto en España como en Portugal los colectivos latinoamericanos serán tratados en el discurso y en la práctica política como “más cercanos” o “menos extranjeros”, lo que tiene consecuencias significativas en sus pautas de incorporación legal, económica y social.

Las oleadas de la inmigración latinoamericana

Los flujos migratorios más importantes de personas de América Latina a España en general y a Cataluña en particular se concentran en el último cuarto del siglo xx, motivados en algunos casos por factores como la violencia, las crisis económicas o la inestabilidad política. Durante los años setenta, el exilio político caracterizó la primera oleada de argentinos y chilenos; cubanos, brasileños y algunos uruguayos destacan también en esta época. Posteriormente, en los años ochenta, la inmigración la protagonizaron los procedentes de Colombia, Ecuador, la República Dominicana y Perú; y a principios de los años noventa llegaron principalmente uruguayos y paraguayos.

La firma de convenios bilaterales para regular los flujos migratorios con diversos países latinoamericanos, como Colombia, Ecuador y la República Dominicana, y la puesta en vigor de la ley de nietos, que permitía recuperar la nacionalidad española a los hijos y nietos de los españoles exiliados por la dictadura, promovieron una nueva oleada de migraciones en que predominaron los nacionales de Venezuela, Argentina y Cuba.

Dos consideraciones finales: los años comprendidos entre 2002 y 2004 fueron el periodo en que esta población creció de modo más significativo, y en las trayectorias migratorias ha sido fundamental el papel de las redes sociales.

Latinoaméricas hoy y aquí

Según datos del Departamento de Estadística del Ayuntamiento, en Barcelona viven alrededor de 79.254 personas procedentes de países ubicados en la citada región. Son cifras que han ido cayendo durante los últimos años y no incluyen a las personas catalanas de familia latinoamericana. Insistimos en la idea de que no hay un perfil latino único. Por ejemplo, el número de personas mexicanas que residen en la capital catalana es de cerca de cuatro mil y el 90 % de ellas vienen a Barcelona a estudiar; en cambio, los miembros de las comunidades ecuatoriana y boliviana generalmente llegan por motivos económicos.

De esta cifra, más del 60 % son mujeres, la mitad de las cuales son adultas con edades comprendidas entre los veinticinco y los treinta y nueve años, y el 12,25 % son mujeres jóvenes. Casi el 60 % de las mujeres latinoamericanas tienen un nivel de estudios de bachillerato superior, ciclos formativos de grado medio o superior o estudios universitarios. Por otro lado, Bolivia, Honduras, Perú, Colombia y Ecuador son los países con más impacto en los distritos de la ciudad, ya que las mujeres de estas nacionalidades representan el 51 % del total de las mujeres latinoamericanas.

Esta feminización de la migración ha hecho que las mujeres latinoamericanas se hayan convertido en uno de los colectivos clave en el proceso de mantenimiento del Estado del bienestar de la población autóctona. Eso se debe al trabajo que muchas de ellas desarrollan en el ámbito de los cuidados personales, que permite resolver problemas vinculados con la dependencia, el mantenimiento de la estructura demográfica laboral o el acceso de la mujer autóctona al mercado laboral. Esta es una gran aportación, a veces invisibilizada, que las mujeres hacen a la ciudad. De igual modo, hay que remarcar que estas tareas son, a menudo, desarrolladas en condiciones deficientes que precarizan a este colectivo. Hay sindicatos como SindiLlar y entidades como Mujeres Pa’lante, entre otros, que permiten a las mujeres latinoamericanas articularse con otras de orígenes diferentes para reivindicar sus derechos laborales, crear espacios de cuidados para ellas mismas y generar otros proyectos.

Taller del Grupo de Teatro de las Oprimidas, una iniciativa conjunta de l’Associació la Xixa Teatre y el sindicato de empleadas del hogar y los cuidados Sindillar, con mucha presencia latinoamericana. Los talleres, que se desarrollan en el espacio Francesca Bonnemaison, tienen como objetivo abordar a través de la acción dramatizada las desigualdades que padece este colectivo. Foto: Dani Codina

Taller del Grupo de Teatro de las Oprimidas, una iniciativa conjunta de l’Associació la Xixa Teatre y el sindicato de empleadas del hogar y los cuidados Sindillar, con mucha presencia latinoamericana. Los talleres, que se desarrollan en el espacio Francesca Bonnemaison, tienen como objetivo abordar a través de la acción dramatizada las desigualdades que padece este colectivo.
Foto: Dani Codina

Por otro lado, resulta curioso el hecho de que la mayoría de los estudios sobre población latinoamericana, pese a no ser abundantes en absoluto, acostumbran a centrarse en datos relativos al “mundo adulto”, es decir, cuestiones de trabajo, relaciones de poder y motivos de migración. Excepto un par de informes obsoletos sobre bandas, parece haber un vacío en estudios que se ocupen de la realidad de los adolescentes y de los jóvenes que han inmigrado con sus familias o de los que han nacido en la ciudad. Es necesario llevar a cabo una exploración a fondo sobre las iniciativas y las aportaciones en diversos ámbitos (empresarial, político, asociativo, cultural, deportivo) de la juventud latinoamericana.

 

Una población muy social

La fuerte tendencia al asociacionismo es uno de los puntos fuertes que comparten los países latinoamericanos. Las entidades y los colectivos que predominan son de carácter cultural, social, deportivo, ambientalista, religioso, político y estudiantil. No obstante, las aportaciones en el ámbito cultural y social no pasan a la política. Muchas de estas entidades están presentes en espacios institucionales, como, por ejemplo, el Consejo Municipal de Inmigración, pero es preciso crear estrategias para superar las barreras del racismo institucional y potenciar la transversalización de esta presencia en otros espacios de decisión. De la misma manera, es palpable la participación latinoamericana en movimientos antirracistas, contra los desahucios y por el cierre de los centros de internamiento de extranjeros (CIE), etc. En estos espacios se generan conocimientos y discursos que aspiran a constituirse y fortalecerse como ejes políticos reales.

En el ámbito del ocio nocturno, los ritmos latinos ganan cada día más terreno. La prueba es el número creciente de salas y discotecas que programan sesiones y conciertos de salsa, bachata, reggaeton, cúmbia, merengue y mambo. No obstante, la asignatura pendiente sigue siendo la presencia latinoamericana en las listas electorales, actualmente casi inexistente, lo que nos deja en una situación de invisibilidad y, sobre todo, niega la posibilidad de enriquecer el debate político de la ciudad con conocimientos, discursos, mecanismos de toma de decisión y otras competencias que aportaríamos gracias a nuestra diversidad y nuestra riqueza interna.

Al menos la noche barcelonesa está latinizada; ahora nos falta latinizar la política, los espacios de decisión, los movimientos sociales en general, el mundo de la empresa, las asambleas de barrio…. Con latinizar quiero decir que no solo nos “dejen” estar presentes, sino también que nuestras maneras de hacer –que, según mi punto de vista, se basan, entre otros factores, en un fuerte sentido crítico, en la extrema importancia que concedemos al elemento colectivo y en la defensa “de la alegría como una trinchera”, en palabras de Mario Benedetti– entren en diálogo con las maneras de hacer dominantes y las transformen, interaccionando con las de la ciudadanía que tiene bagajes migratorios y culturales diferentes.

 

Nota

  1. Abya Yala es como se conocía, antes de la colonización, al continente que hoy se denomina América. Este nombre significaría, literalmente, tierra en plena madurez o de sangre vital.

 

 

 

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