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Binarismo i Incoherències

Jessica González Herrera

“Mientras yo no sea libre de escribir en dos lenguas y cambiar de códigos sin tener que traducir siempre, mientras tenga que hablar inglés o español cuando prefiero hablar Spanglish, y mientras yo tenga que ajustarme a los angloparlantes en lugar de que ellos se adapten a mí, mi lengua será ilegítima. Ya no me dejaré sentir avergonzada por existir. Tendré mi voz: india, español, blanca. Tendré mi lengua de serpiente: mi voz de mujer, mi voz sexual, mi voz de poeta. Superaré la tradición del silencio.” 

Gloria E. Anzaldúa, Borderlands/La Frontera: The New Mestiza

 

El binarismo lo invade todo. Creo que nunca he escrito sobre mí en un ámbito profesional porque “no toca”. Pero debo decir que éste Col·lectiu i+ cada vegada més fa un trànsit de ser un grup de professionals stricto sensu i esdevé una família de persones que construeixen juntes i es donen suport en les batalles que lluiten contra les discriminacions per motius de raça, gènere, diversitat sexual, entre d’altres. Así pues, las siguientes líneas, son algo así como un pequeño desahogo/diálogo conmigo misma en voz alta sobre varias cuestiones que me he planteado durante mis 10 años en Catalunya.

Per tal de posar en context aquestes qüestions, crec que hauria d’ afegir unes quantes coses a la Caipirinha: soy oriunda del Caribe colombiano, morena de piel, tengo 27 años, heterosexual, cabello rizado, complexión corporal más bien delgada y sonrío con facilidad. Sí. Se podría decir que físicamente cumplo con el prototipo de “la latina caliente que, además, roba maridos”. Porque, claro, es evidente que la meta más importante de cualquier mujer latina al migrar es conseguir un hombre europeo para cuidar de él, porque éstos no son machistas como los de nuestra tierra (¿Eing?).

Las cuestiones a las que me refiero tienen que ver con preguntas que me he hecho y/o aún me hago del tipo: ¿pierdo puntos de mi “carné de buena feminista” por usar tacones, maquillaje y bailar reggaetón algunas veces? ¿Hablo en catalán en lo profesional para demostrar mi “nivel de integración” y profesionalismo? ¿Soy muy ilusa por creer que desde el amor se pueden visibilizar las opresiones?

Supongo que debería explicar de dónde surgen éstas cuestiones. Surgen cuando voy a impartir una formación sobre antirracismo y se invalida mi discurso crítico hacia Occidente, por no ser parte del “nosotros”; surge a partir de mi inconsciente auto-prohibitivo de hablar español en el trabajo, a partir de notar mejor trato en mi aula de clases universitaria cuando empecé a hablar catalán; surge cuando veo que algunas personas que trabajan la decolonialidad están cargadas de una rabia y un odio que -aunque legítimos, válidos e históricos- no me representan; o cuando estoy en determinados círculos feministas blancos y se me invalida (sutil o explícitamente) por la manera en que me visto, llegándome a decir cosas del tipo: “tú crees que usas maquillaje y tacones porque quieres, pero la verdad es que lo haces como consecuencia del patriarcado que te objetifica”. Lo cual suena bastante parecido a lo que se les dice a algunas mujeres musulmanas. Eso de que, “aunque ellas no lo saben”, el motivo real por el que usan el velo es porque están obligadas por los hombres de su comunidad.

No niego que constantemente debemos cuestionarnos por qué hacemos lo que hacemos, pero, ¡carajo!, creo que todas estas críticas que me vienen como mujer, como latina y como profesional, nacen de un binarismo que lo coloniza todo, incluyendo evidentemente mi cabeza, mis identidades y mis decisiones.

Soy una feminista, latina que a veces lleva tacones y maquillaje, yo elijo si quiero llevarlos o no, sin que ello implique ser tratada como un objeto sexual de libre uso. No soy más blanda o estoy menos calificada para luchar contra el racismo o el machismo por intentar trabajar el tema desde el amor o por trabajar con administraciones públicas. Tampoco me considero menos decolonial por bailar en un grupo folclórico colombiano. No sóc una “doble cara” por usar, cuando me interesa, el català com a llengua en certs escenaris laborals, perquè de lo contrari, en alguns casos, directament ni se m’escoltaria.

Així doncs, suposo que simplement he de donar-me permís per existir i SER incoherent com sóc. Llavors, em dic a mi mateixa: Basta ya de la autoexigencia en ser una antirracista, feminista decolonial perfecta. Precisamente es el hetereopatriarcado blanco y colonial quien se encarga de imponernos cuál es la manera correcta de ser, hablar, vestir, sentir  y transitar en éste mundo. Mi yo mujer, mi yo sudaka, mi yo amorosa, mi yo que baila y mi yo que habla catañol y espanglish deberían ser mis más fuertes aliadas para mis luchas individuales y colectivas. Métete en la cabeza, lo que dices en las formaciones, sobre que “nadie sabe lo que es mejor para lxs migrantes//las mujeres la comunidad LGTBI/lxs jóvenes que ellxs mismxs.

Así que, preguntemos directa y constantemente.” Pregúntate y respóndete tú.

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